Rubén Limas: Hernán Alemán

Rubén Limas - Notitarde

Conocí a Hernán desde hace tiempo atrás, pero la verdad no había tenido la oportunidad de compartir con él hasta que se presentó una infeliz oportunidad: aquel día de 2017 en que nuestro partido, Acción Democrática, decidió retirarnos el apoyo a nuestras respectivas candidaturas a la Gobernaciones del nuestros estados: él a la del Zulia y a mí, a la de Carabobo. Ese día los dos nos enteramos por las redes sociales que ya no éramos candidatos de AD, cosa que en lo personal me dolió muchísimo porque alguien ha debido tener la cortesía y el respeto de llamarnos para decirnos que AD ya tenía candidatos a esas gobernaciones distintos a nosotros. Recuerdo que cuando llegué a la oficina del CEN nadie se atrevía a decirnos nada, solo un compañero pasó y nos dijo: «ya ustedes no son candidatos, es una decisión del partido».

Hernán estaba tan furioso y enrojecido su rostro (zuliano de pura cepa) que me acerqué a él, vestía un pantalón beige y un saco azul oscuro, le dije: «hermano, tómalo con calma, no nos podemos enfermar por esto, no nos queda otra cosa que esperar, ya vendrán otros momentos». Lo hice no solo en mi condición de médico, al verlo como estaba tan furioso porque no solamente no era él el candidato, sino por la manera que se había escogido la forma de que nos enteráramos.

Quizás yo también en el fondo, me auto consolaba hablando con él. Muchos pensaron que Hernán se iría de AD, escuché bastante ese rumor, ¡pero no! aguantó la pelea y se quedó. Nos hicimos mejores y más compañeros, nos saludábamos con afecto, cada vez, de las pocas veces que nos vimos. Volví a saber de él cuando supe que había huido de la persecución del régimen por unas acusaciones que este hacía él. Tuvo que pagar con exilio su profundo compromiso con el pueblo zuliano, hubiese sido un gobernador de acero e incansable que no regalaría ni se dejaría arrebatar el mandato popular. No era uno más, como abundan en la casta de los que practican la política del disimulo, era un tipo decidido que llevaba el calor de su pueblo en cada latido de su aguerrido corazón.

Hoy lamento su partida, por el cariño y aprecio que surgió desde aquel momento que compartimos aquella desconsiderada forma en que nos despostularon, sin que nadie nos avisará de ese hecho antes que saliera por las redes. Fue una irrespetuosa manera de comunicarnos esta decisión pero que ambos soportamos estoicamente porque la disciplina adeca no es retórica, es real y concreta hasta en los más amargos momentos.

Por ello puedo decir, que lamento su partida, y lo hago con absoluta y sincera tristeza. ¡Hernán hermano! nos sacaron de esa competencia electoral en aquel momento, absolutamente seguro que tanto tú como yo, hubiésemos logrado alcanzar esa meta para la felicidad del pueblo zuliano y carabobeño al cual representamos. Lamentablemente, esa decisión salió cara y el pueblo perdió, por impericia y desidia, tan importantes espacios. Luego me contaron que te apartaste de esa ruta electoral y yo hermano la sigo transitando. Ahora estás en un sitio especial, al lado de Dios, desde donde tú podrás ver lo que seguramente yo aún no podré. Podrás desde tú posición fácilmente descifrar aquella máxima: «cara vemos, corazones no sabemos” como aquella vez que juntos fuimos víctimas de espíritus irresolutos. Pero estoy seguro que desde donde ahora estás, me advertirás cualquier acción maléfica de esas.

Adiós hermano, o hasta pronto, ese es el camino final que todos algún día, tarde o temprano, debemos transitar. «Todos los hombres mueren, más no todos los hombres viven» Vivimos con pasión nuestros deseos inmensos de regresarle a nuestros pueblos un gobierno adeco, para cumplir con la máxima «Con Acción Democrática se vive mejor». Que Dios te tenga en la gloria compañero y amigo, pronto vamos a librar la batalla final contra este régimen agónico que destruyó todo lo que habíamos construido en democracia.

Rómulo Betancourt escribió, en Venezuela, Política y Petróleo, que “los muertos mandan” y descubro hoy que es cierto. Los muchos compañeros que han perdido sus bienes, sus familias y sus vidas luchando contra el gobierno de facto nos obligan, “nos mandan”, a que su sacrificio no sea en vano. La lucha no termina porque estemos rodeados de la oscuridad, ni porque el Ministro de Defensa pegue chillidos diciendo que nunca seremos una democracia, al contrario, con la fuerza del pueblo, con su instrumento maravilloso: ¡el voto!  Venceremos en el combate final para demostrar que la libertad siempre vencerá a la bota militar, a la ignominia y al totalitarismo. Descansa en Paz hermano.