Rubén Limas: Construir, no destruir

Rubén Limas - Notitarde

Mi condición de médico, solo me permite construir, dar esperanza y vida, sonrisas y sueños. Mi vida toda dedicada ayudar al prójimo. No importa su color, raza o género, yo siempre estaré para ayudar, aliviar, escuchar. Hemos construido todo un equipo, de hombres y mujeres, a los cuales les hemos inyectado esta dosis de solidaridad, y hace rato me vienen ayudando a cumplir esta misión de vida que me he trazado desde hace bastante tiempo. Porque solo nadie puede, el trabajo en equipo da frutos esperanzadores. Seguiré sumando voluntades para la compresión, la tolerancia, y el reto de reconciliar y reconstruir este hermoso país.

Hace tiempo atrás, llegó a mi consulta una mujer de avanzada edad, que caminaba con muchísima dificultad, porque pegaba sus rodillas (eso se llama en traumatología “Genus Valgus”), de una condición muy humilde. Lo característico de ella, fue que llegó a mi consulta en el hospital, vestida de rojo de pie a cabeza, con una gorra del PSUV que portaba con orgullo. Al llegar, mi enfermera, otra mujer humilde pero gran trabajadora, que también ha apoyado al chavismo, y con una gran dosis de humor y personalidad, le dijo: “epa amiga, usted para donde va así, vestida de rojo, rojito. La señora le contestó: “me vengo a ver mi rodilla porque ya no puedo caminar, tengo mucho dolor y no quiero terminar en una silla de rueda”, me dijeron que esta es la consulta del Dr. Limas que es especialista en rodilla y cadera. A lo cual mi enfermera le riposto en son de broma: “Ay papa, a usted como que no la van ver hoy, porque mi jefe es adeco”. En ese momento salí a recibir a la paciente, que me miró con ojos de sorpresa, como diciendo “ay Dios dónde me vine a meter”. Yo viendo su cara de asombro y su ceño fruncido, coloque mis manos sobre su hombro, y la invite a pasar a mi consultorio, ella se sentó con muchísima dificultad, porque sus rodillas están muy dañadas y, allí comenzó no solo, nuestra relación médico paciente, sino nuestra amistad.

Se hizo hasta lo imposible por ayudarla a conseguir su prótesis de rodilla, todavía para ese entonces el Seguro Social era seguro de los pacientes, y se conseguía material quirúrgico, a diferencia de lo que ocurre hoy con relación a la asignación de prótesis. La preparamos para la cirugía, hablamos mucho con ella, yo le echaba mucha broma por su afiliación política, siempre con mucho respeto a su dignidad y sus creencias, pero bromeábamos mucho. Ella al principio muy seria con mis bromas, pero luego se reía a carcajadas. Así llegó el día de la cirugía, y la operamos con éxito, un trabajo en equipo que siempre da sus frutos.

¿Cuál sería mi mayor sorpresa al día siguiente que la fuimos a visitar en su post operatorio? Encontrarla ya sentada en su habitación, ya que debido a su fuerte espíritu y voluntad se había propuesto con la ayuda de un residente, que cuando llegara yo, la encontrara fuera de su cama. Pero la sorpresa no terminaba allí, se había colocado una gorra de Acción Democrática que hábilmente había logrado conseguir, y la tenía preparada para ponérsela después de la cirugía y darme a mí esa grata sorpresa. Nos echamos  a reír los dos tan fuerte, que llamamos la atención del personal de salud que estaba cerca y, vinieron averiguar porque nuestras carcajadas. Después de reírnos un buen rato, le quite la gorra con cariño, busque su gorra roja un poco desgastada, y le dije: “Ciertamente te he operado, y con ello te has casado conmigo para toda la vida, pero no tienes porque renunciar a tus creencias, yo te respeto y te quiero tal como eres, eres una persona que ha sufrido mucho para operase, se que estas agradecida por ello, yo al igual que tu aspiro que las cosas cambien en este país, que más nunca tengamos que mendigar para poder operar a cualquier persona, que nuevamente regrese un poderoso sistema de seguridad social, que nos garantice que el estado nos proteja siempre frente a cualquier adversidad. Tu seguirás siendo chavista, y yo siempre seguiré siendo adeco, pero sí nos proponemos, juntos podemos buscar reconstruir un mejor país, donde la reconciliación, la justicia y la paz, nos permitan crecer como nación”  Ella sonrió con picardía, tomo mi mano donde sostenía la gorra blanca que acabada de quitarle, y me dijo “la guardaré conmigo para siempre, tienes razón, el país tiene que cambiar.

No olvidaré nunca ese momento que más que una revista médica, fue espiritual, donde pude conectarme con un ser humano extraordinario escondido en su humildad y sencillez. Los venezolanos nos podemos reencontrar sí reconocemos al otro.

Venezuela necesita una nueva estrategia para reconstruir la esperanza por el cambio que todos estamos añoramos.

Por: Rubén Limas