Rubén Limas: Venezuela espera por los políticos

Rubén Limas - Notitarde

De acuerdo a datos del  Observatorio Venezolano  de Conflictividad  Social,          solo en 2020 se han registrado más de 5 mil 811 protestas en toda Venezuela. De las que al menos 1 mil 086 tienen que ver con la escasez de gasolina y otras 3 mil 214 con la crisis de los servicios públicos en el país.

Pero la protesta cívica en Venezuela no es en lo absoluto un elemento social que pueda analizarse desde los estándares de las sociedades democráticas del mundo. En el caso criollo, la protesta trae consigo miles de relatos de actuaciones policiales irregulares, abusos de autoridad, persecución, estigmatización y violación de derechos.

Sin embargo, a pesar de los trágicos antecedentes de la protesta de calle que hay en Venezuela, especialmente desde la época de 2012, sorprende el creciente descontento de los venezolanos que cada vez han sido más decididos a salir a manifestarlo en la calle.

No es para menos. En Carabobo, por ejemplo, los ciudadanos viven en la incertidumbre de no saber si dormirán o no con energía eléctrica. Cientos de familias se acuestan sin comer, no solamente porque no tienen acceso al gas doméstico, sino que luego de reunir para comprar una cocinita eléctrica ahora resulta que los bajones eléctricos se las dañan.

Las calles del país se convirtieron en estacionamientos multitudinarios de carros a la espera de surtir gasolina, lo que en la mayoría de los casos tarda al menos 15 días.  Los que usan transporte público deben esperar horas en una parada de autobús, para luego trasladarse sin los más mínimos criterios de seguridad y prevención, hacinados en cajones andantes, que son la única posibilidad para llegar a casa.

Pero la tragedia sigue: en un país con una tasa tan alta de adultos mayores. Forjados y formados en la época de oro de la democracia próspera y robusta que desde 1958 imperó en Venezuela, hoy son indigentes desvalidos, cuyo esfuerzo es a penas reconocido con 1$ al mes.

1$ mensual, que es además, el sueldo de la mayoría de los venezolanos, que viven de trabajo honesto pero subpagados, es el patrón diario de la medición de la pobreza, lo que significa que un venezolano es al menos 30 veces más pobre de lo que los organismos internacionales consideran como umbral de la miseria.

No hay que dejar de mencionar la miserable situación del paciente de un hospital del sistema de salud pública. Abatido entre la falta de insumos, la falta de recursos propios para su situación, la corrupción y la persecución si se atreve a exigir su derecho a un trato digno. Son estas las evidentes razones por la que la protesta se convirtió en la gran protagonista de estos días en Venezuela, a pesar de las amenazas.

Sin embargo, es en estos contextos históricos y sociales donde los políticos deben tener la sobriedad y la cordura de tender una solución. La protesta por sí sola no lleva a ningún lado, más que a la simple exposición. En el caso venezolano es incluso un factor con muchos riesgos reales y de gran pérdida. Es por eso, que hoy más que nunca es importante crear condiciones para celebrar elecciones en Venezuela y, canalizar el descontento.

Celebrar comicios transparentes y creíbles sería una válvula de escape segura para canalizar tanto descontento. La violencia social es la consecuencia de la falta de caminos políticos. Nunca un ciudadano que confíe en sus instituciones y tenga oportunidad de ser escuchado saldrá a quemar una propiedad o trancar una calle.

Debemos tener la madurez de saber que las elecciones por si solas no resuelven la grave crisis. Pero sí nos da una esperanza y una oportunidad de cambiar las cosas desde la raíz, desde el seno del mismo Estado, secuestrado por un gobierno autoritario.

Jamás satanizaremos la protesta, es hija legítima de la democracia y el Estado de Derecho. Pero es también nuestro deber como padres, como venezolanos y como políticos demócratas apuntar a que esto, nos da la oportunidad de oro para lograr las condiciones electorales que tanto necesitamos para la victoria de la Democracia.

El pueblo en su sabiduría nos está dando un empuje, aunque no sabe de estrategias, tiene la certeza que la quietud inerte no es la vía, por lo tanto está anhelante de una guía, de un objetivo, de un plan. Dejarlo solo en su rabia y  en su impotencia sería un grave error de consecuencias fatales.

Estoy seguro que Venezuela cuenta con políticos que sabremos dirigir este descontento social por la vía de la Constitución. Que hay en esta diversidad de pareceres un sentimiento de unidad y amor a los venezolanos que está por encima de todo y que definitivamente es algo que jamás podrán quebrar.

Vamos todos a votar, a dar la pelea que es, donde es. Seamos valientes y cambiemos la historia.

Por: Rubén Limas