Rubén Limas: Nuestros 16 niños en altamar necesitan tierra firme y en Democracia

Rubén Limas - Notitarde

El ataque contra los 16 venezolanos menores de edad, que fueron abandonados a su suerte por el gobierno de Trinidad y Tobago en el mar, es solo la punta del iceberg de una tragedia profunda, histórica e inolvidable.

Nos referimos evidentemente al lamentable suceso, en el que niños venezolanos de 4 meses a 14 años de edad, no solo fueron separados de sus padres, quienes están detenidos en la isla caribeña por el delito de ser venezolanos, sino que fueron echados al mar, en un peñero improvisado, con alerta de mal tiempo y con la mala intención de un gobierno que detesta nuestro gentilicio.

Afortunadamente y gracias a la Divina Providencia, los niños regresaron a aguas trinitarias con vida, luego de haber estado un día y una noche a la deriva en el mar, abandonados de toda protección y de toda misericordia institucional de la Isla y de su propio país.

De no haber sido por la indignación colectiva del pueblo venezolano, que al unísono (y sin Gobierno que los represente, aunque sea emitiendo una nota diplomática de protesta) inundaron las redes sociales con su protesta, tal vez fuera aún más trágico el destino de nuestros niños.

Pero seamos sinceros: aún no acaba la tragedia de estos 16 niños y la de los millones de venezolanos que están en el exterior pasando penurias. Su pena no solo está en ser unos parias, sin abrigo. Su tragedia está en su lamentable estatus de gente sin Patria , sin tierra y sin autoridad que vele por ellos.

Por eso, no pienso sumar una nota de protesta más a la lamentable e infame actuación de las autoridades de Trinidad y Tobago; tampoco criticar la evidente complicidad del gobierno de Venezuela, sino que hago un llamado a hacernos la gran pregunta necesaria ante este acontecimiento ¿Qué vamos a hacer?

¿Acaso la queja y la nota de protesta basta para condenar el trato inhumano contra nuestros compatriotas en el mundo? ¿Será que la fulana consulta será suficiente para devolverle el pan y la tierra a nuestros millones de hermanos en el exterior? No. Aquí solo queda recuperar la democracia de la tierra originaria de la diáspora.

Con el alma teñida de sentimiento tricolor y la convicción política de este adeco convencido, les aseguro que la mejor manera de hacer algo por nuestros 16 muchachos en el mar y los millones vejados por el mundo, es salir a votar y arrebatarle el poder político a Nicolás Maduro, por la vía electoral.

Es importante manifestar nuestro descontento y exigir respeto al gentilicio venezolano. Se agradece también la solidaridad para el hermano venezolano en el exterior, pero la única solución es que las razones por las que millones de los nuestros han huido, definitivamente desaparezcan.

Podemos apelar a las instancias internacionales y pedir protección a los refugiados, podemos abrazar el Estatuto de Roma y denunciar al gobierno trinitario por su trato despótico e ilegal, pero la única salida posible para acabar con esta tragedia es un cambio de gobierno.

Son ya muchas las tragedias para nuestro gentilicio, son muchas las vejaciones y el dolor. La historia y la memoria patria agradecerá de por vida la voluntad de muchos, pero no es en suelo extranjero dónde se resolverá el problema. Este fenómeno es estructural, sistémico y político.

En este orden de ideas, el gobierno invierte energía y dinero en dividirnos. En apostar a los opinadores de oficio que llaman a la abstención. Se sienten cómodos con nuestras diferencias ,pero también tiemblan de nervios cuando ven la decisión del pueblo de salir a votar masivamente.

La fulana consulta es el escenario ideal para Nicolás Maduro: no es vinculante, es un error político y un desgaste para las fuerzas del cambio.

Es por eso que tenemos que llenarnos de indignación y sentimiento nacional y salir a votar masivamente este 6 de diciembre, para recuperar la Asamblea Nacional y consecuentemente el poder político en Venezuela y con ello, retornen nuestros hijos y hermanos a llenar de amor este suelo que tanto ha sufrido los últimos 20 años.

Hago mía aquella frase del sociólogo italiano Antonio Gramsci : «Estudiemos porque necesitamos toda nuestra inteligencia; organicémonos porque necesitamos todo nuestra fuerza; indignémonos, porque necesitamos todo nuestro amor», por Venezuela y sus hijos.