Rubén Limas: Los verdaderos aliados de Maduro son los que llaman a la abstención

Rubén Limas - Notitarde

La afirmación del presidente Nicolás Maduro Moros de irse del Palacio de Miraflores si la oposición gana la mayoría de los escaños de la Asamblea Nacional (AN) este 6 de diciembre, es cuanto menos, una soberana muestra de soberbia y arrogancia.

Esta arrogancia deviene, desde luego, de la fantástica creencia de que ganará la contienda electoral de este próximo domingo. Lo cual no solo es impreciso, sino una afirmación casi tan peligrosa, como la vieja historia de chacumbele.

Pero a estas alturas del partido ya nada puede sorprendernos del gobierno de Maduro, ni de sus laboratorios psicológicos que día y noche fabrican conchas de mango para enredar a la oposición política en su lucha por recuperar la democracia.

Es necesario decir, con absoluta responsabilidad, que estas estrategias no van dirigidas al pueblo de a pie, que para estas fechas está concentrado en sobrevivir en un país, cuyo gobierno, hace tiempo dejó de brindar bienestar. Sin mencionar que cuenta con una hegemonía política que se hace llamar oposición, pero que no dirige ni encausa las luchas populares por las conquistas democráticas. Estas operaciones mediáticas tienen como claro objetivo la lamentablemente desorientada dirigencia opositora.

Causa curiosidad que son los mismos «incautos» de siempre, los que pisan la trampa y salen radicalizados a decir que de nada sirve salir a votar, que ya Maduro se declara ganador. Y así, convencidos de sus posturas salen a entregarle en bandeja de plata el poder nuevamente a Nicolás Maduro.

Interesante sería, que este domingo, no solo el pueblo humilde, que sabemos que saldrá convencidamente a votar, salgan también aquellos sesudos analistas del caos a retar a Maduro a cumplir su promesa y salir masivamente a votar. Es sumamente curioso el hecho de que aquellos que nos acusan de ser amigos del régimen, son precisamente los que lo ayudan a mantenerse en el poder con la abstención.

Hermanos, los números son claros: 8 de cada 10 venezolanos anhelan un cambio de gobierno. Pero Maduro destina esfuerzo y dinero en dividirnos, para que no seamos una alternativa clara para ese cambio.

Es por eso que los radicales del teclado salen histéricamente a cantar fraude antes de los comicios, sin tan siquiera tener la valentía y el coraje de presentarse a su pueblo con una alternativa. Con un plan que los conduzca a la vía política, sino que prefieren la vía radical y fantástica de esperar ilusiones violentas en Twitter.

El pueblo llano piensa distinto. El pueblo humilde no tiene tiempo, ni energía para la aventura. No tiene espacio en sus prioridades para pensar en absurdos militaristas y mucho menos en la fantasía jolibudense de la invasión extranjera. El venezolano humilde sale a votar, porque entiende que es la única herramienta real que tiene para manifestar su descontento.

El voto, además de ser la herencia de nuestros padres, fundadores de la República y consecuentemente de la Democracia, es la herramienta política más parecida a la vida social de un buen ciudadano: el voto nos iguala ante el poder, nos da la oportunidad de castigar a quienes lo hicieron mal y de brindar la oportunidad a las nuevas generaciones. No importa que falaz sea el gobierno, hay que salir a votar masivamente y debemos ser nosotros, los actores políticos, quienes defendamos el voto.

¿Quieres ser un verdadero radical opositor? Perfecto, sal este domingo votar, hazlo junto a tus vecinos; organiza a tu familia, a tu junta comunal y tú edificio. Convence al compadre que está escéptico, a la esposa que solo dedica los domingos a la misa: espérala y llévala a votar. Obliga a Maduro a tener que cumplir su promesa, oblígalo con tu participación y tú presencia en las urnas electorales.

Allá los que creen que con una consulta por redes sociales lograrán hacer daño al gobierno. Los que están lejos del pueblo juran que todos tienen un teléfono inteligente a la mano y tienen tiempo para fantasías políticas. A ese pueblo le debemos respeto y consideración y la mejor manera de honrar tanto sacrificio es guiándolo a la pelea electoral y la lucha cívica y constitucional.

Hoy, ya las cartas están echadas. Nos acompañó una ola de hombres y mujeres honorables que decidieron no rendirse. A estos pocos días de las elecciones me queda la satisfacción enorme de haber hecho lo correcto ante Dios, la Patria y la historia: guiar a mi pueblo a pelear con un Goliat de mil cabezas, con la Constitución en la mano, la palabra de Dios en la otra y un profundo amor por Venezuela en el corazón.