SinSecretosCB: El sepelio de Guaidó, sus infieles lloronas y el blanco pugilato

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El cruel velorio. Las calles de Miami se llenaban de expectativa y esperanza. El falso tropel de “autoexiliados” e innumerables dirigentes opositores, elegantemente trajeados y disfrutando de su dorado exilio, no cesaban de agitar, de manera incansable y hasta desesperante, banderas que contenían nuestro secular tricolor patrio. Toda esa incontenible emoción derivaba por el arribo de Donald Trump, en medio de una complicada campaña electoral, a la capital del estado de la Florida. “Hasta aquí llega Maduro”, “La intervención militar es un hecho” arengaban esa brillante pléyade de Vecchio, Olivares, Ortega y Borges quienes al unísono y agarrándose peculiarmente sus manos proclamaban: “El G4 le ha cumplido a todo un angustiado país”. Pero lo que nunca advirtieron los privilegiados beneficiarios de la ayuda humanitaria, de Citgo o Monómeros, es que Trump, el mismísimo presidente de los Estados de la Unión, el que idealizó y le proporcionó rostro, forma y figura a la ficción interinante de Guaidó, llevaba en su alforja y retórica, la cruenta y despiadada certificación del político deceso. Con el ceño fruncido, con su intemperante verbo señalaba, de luctuosa manera, ante los numerosos e incontables medios de comunicación: “Guaidó no tiene poder, ni apoyo popular”. La sorpresa tomó por asalto el católico templo, bendecida sede del encuentro. El desconcierto y la consternación se hicieron dueños de los desencajados rostros de la nutrida asistencia y allí se iniciaba la lenta procesión, surgían, de repente, los fingidos deudos de la ilusión del interinato que yace inerte en su propio sepulcro. Llevan a cabo, hasta de cínica forma, la obligatoria velación de quien desde aquel 23 de enero del 2019, se presentaba como moderno redentor bajo el roído ropaje de falso mesías. Un afligido G4 advierte, con oración y vela en la mano, del riesgo que constituye seguir el extraviado sendero del “interino” y partícipes de la extremaunción del inerte cuerpo, con fingido llanto anuncian que es la precisa hora de asumir nuevos retos y compromisos con la lejana patria. Al observar el fúnebre escenario, convocamos a Cortázar: “No vamos por el anís, ni porque hay que ir, ya se habrá sospechado; vamos porque no podemos soportar las formas más solapadas de hipocresía, cercioramos de la índole del duelo, y si es de verdad, si se llora, porque llorar es lo único que les queda a esos hombres y mujeres entre olor a nardos y café, los falsos deudos juntan desesperadamente el aliento, sintiendo que cueste lo que cueste deben mostrar que el velorio es de ellos, que solamente ellos tienen el derecho a llorar. Pero son pocos y mienten. En vano acumulan hipos y desmayos«. Guaidó  ha fallecido y sus infieles favorecidos abandonan discretamente el velatorio para retomar sus viejas y pervertidas prácticas.

Sin bandera blanca. Por razones estrictamente políticas y no geográficas nuestro estado Carabobo, se ha convertido en el centro de un sangriento y encarnizado pugilato dentro de la otrora monolítica y disciplinada tolda blanca. Al parecer las elecciones parlamentarias han erosionado, de manera irreversible, los hasta entonces blindados cimientos del partido gestado por Betancourt, Gallegos y Andrés Eloy. Un categórico mensaje, desde andinos predios, por la gobernadora del estado Táchira, Laidy Gómez llamando a la activa participación en los venideros comicios legislativos alentó a una verdadera insurrección, una enérgica rebelión en la dirigencia de Acción Democrática. Lo que llama poderosamente la atención es que en tiempos o épocas de pandemias, cuando un virus nos advierte de su letal efecto, en Carabobo se produzca, de manera pública, una inédita confrontación entre dos sectores, que se disputan el liderazgo del partido blanco, ante la ausencia e inesperada partida del apreciado Antonio Ecarri hacia la península ibérica. El blanco careo ha sido de tal magnitud en la región, que la franquicia comunicacional de los Poleo, parte esencial de los fingidos, infieles y llorones deudos de Guaidó, desde Miami, han tomado literalmente partido en la pálida refriega. Por una parte surge insurrecto un sector liderado por el traumatólogo galeno, Rubén Limas, a la sazón secretario general de AD en Carabobo que ha encontrado férrea resistencia en otra parcela dirigida irreflexivamente por la aguerrida ex edil de Valencia, Mariela Domínguez. Amenazas de intervención a la actual directiva a través de una elevada comisión partidista, es tan solo el abreboca a toda una suerte de carrusel donde convergen descalificaciones e improperios y que ha tenido a las redes sociales como atónito y boquiabierto testigo. “Indio alacrán” le imputan despectivamente a Bernabé Gutiérrez, “Alacrán traidor” es el epíteto más bondadoso que han enviado al buen galeno Limas. Sin embargo no se han hecho esperar las respuestas del agraviado sector, “sumisa y arrastrada” son los “caritativos” calificativos con que tratan a la distinguida y disciplinada Mariela Domínguez. En fin un verdadero espectáculo donde el ciudadano opositor puede constatar la solidez y mensaje de sus propios dirigentes. Pero dentro de la parodia blanca, ha surgido una curiosa ofensa e inadvertido insulto, que al menos se exhibe lucrativo y es el de “Roba cobres” o más específicamente “Roba cables”, vulnera nuestra curiosidad la reiterada utilización de este alegato como legítima defensa. Ante este escenario y en aras de solventar nuestra ansiedad y transmitirla por estas mismas líneas a nuestro ávido lector, tendremos que abandonar, momentáneamente, nuestras sólidas posiciones ideológicas y partidistas, para indagar con el mismísimo galeno Rubén Limas quien es ese hábil o aventajado dirigente socialdemócrata que se le atribuye el sofisticado arte de hurtar cobre o sustraer el cableado de los servicios públicos en nuestro estado.

El vengativo imperio. La lacónica frase del presidente Donald Trump, “Guaidó no tiene poder, ni apoyo popular”, esa misma que provocó llanto y dolor, lagrima y luto en la cofradía opositora radicada en Miami, no solo representa el anuncio del cruento deceso de la ficción interinante, sino que conlleva un cristalino mensaje a todos aquellos que en alguna oportunidad creyeron tener autonomía en sus acciones y que llegaron hasta asumir el irreverente o desafiante  compromiso, como aquel dinámico y ocurrente movimiento “Venezolanos con Biden” o el acto de abierta inconsecuencia, al no levantar la sumisa voz para solidarizarse con el mandatario americano, su tutor, en la crisis racial, aún latente, que resquebrajó para siempre la unidad de esa potencia mundial. Igualmente es la inequívoca señal para los que han hecho de la improvisación y la aventura su terca prédica, como lo representa la disparatada e ilógica tesis jurídica de la continuidad de la actual Asamblea Nacional. Venezuela acudirá en diciembre masivamente a las elecciones parlamentarias convocadas por el renovado CNE y de esa expresión popular surgirá la nueva conformación del principal órgano legislativo de la Nación, que tendrá como ineludible y responsable obligación la de satisfacer el reclamo y exigencia del común. Y esa es la verdad.

Por: César Burguera                                                                                                      @CESARBURGUERA