César Burguera: El Revolcón, Marquito y su Jefe Cachón


El espectacular juramento. El pasado jueves se produjo la juramentación del comando de campaña “Aristóbulo Iztúriz”, soporte fundamental que decantará en el categórico triunfo y aplastante victoria en la gobernación y  las 14 alcaldías. El vicepresidente de la máxima expresión partidista de la revolución, el PSUV, Diosdado Cabello sellaba esa perenne alianza que palpita en este Carabobo que observa con orgullo el tránsito gubernamental de Rafael Lacava, siempre adherido a ese inquebrantable compromiso con esta tierra, con la idea fija de convertirlo en primera referencia dentro del contexto nacional. El espectacular evento fue el más fidedigno testigo de manifestaciones con verdadera pasión y entusiasmo por parte del ciudadano, del común. El sur de Valencia se observó desbordado por verdaderos caudales humanos que acudían para formar parte de este nuevo capítulo que se gestará en Carabobo a partir del 21N. Rafael Lacava  se ha convertido en el definitivo aval para dar paso a la esperanza y asegurarnos que seguiremos transitando esa vía que no es otra que la del definitivo desarrollo y consolidación de Carabobo. Podríamos pensar que lo ocurrido el pasado jueves  ya había sido advertido, a través de cifras y porcentajes, por las más serias encuestas o estudios de opinión, pero estamos en la absoluta creencia de que fue una legítima expresión por parte de un pueblo, por esa calle donde transita diariamente la ilusión y el optimismo. El pueblo es sabio, la calle es sabia, no se trata de superficiales consideraciones o circunstanciales posturas, aquí lo que retumba, lo que irrumpe es esa gente que defenderá lo que es suyo, ese arraigado sentido de pertenencia, es apertrecharse para con todas las herramientas preservar lo que aquí en Carabobo ha pasado en los últimos 4 años, es el reconocimiento, es el apoyo y la definitiva ratificación para que no se detenga este incontenible y fascinante proceso..

Nuestro amigo Marco. En estos días tuvimos una epifanía que nos trasladó a nuestra niñez, ante aquella vetusta  pantalla para aguardar la serie Marco, que narraba el extenso y complicado viaje de un niño en busca de su madre que había emigrado, años antes, a un país suramericano para poder trabajar y  proporcionarle mejor vida a sus menores hijos. Como no emocionarnos al escuchar la desgarradora melodía, que entre gritos e indetenibles sollozos exclamaba el pequeñín Marco “No te vayas mamá, no te alejes de aquí, adiós mamá, pensaré mucho en ti”. Lo relatado es porque, tal vez producto de nuestra limitada imaginación, observamos algunos rasgos de coincidencia entre los orígenes del candoroso Marco con el del “Mórbido Analfabeta”. El primer aspecto que captó nuestra atención es que Marco, el inocente pequeñín, tenía como mascota a un mono titi con el nombre de “AMedio”, casualmente lo que ha signado la delictiva conducta del “Amorfo Analfabeta”, ya que su única actividad ha sido, porque fue privado de cualquier básica educación, apoderarse de cualquier signo o valor monetario, ya sea a través de su cuestionada actividad empresarial o el descarado desfalco al erario público, siempre contando con su “Clan o Mafia Familiar”. Al igual que la madre del casto Marco, la madre del “Deforme Cleptómano” se asentó en esta parte del continente y allí empezó el verdadero compendio de engaños, trampas y estafas a través de la empresa Constructora Scarano, que hábilmente lograron permearla en gobiernos regionales. Mientras Ana Rossi, la madre del candoroso Marco, laboraba sin descanso para lograr honradamente el sustento, Clara Spisso de Scarano tomaba el control de la empresa conjuntamente con  el “Contrahecho Bribón”, que había contraído nupcias con “Rosa la Pastichera” conocida por su destreza a la hora de elaborar este exquisito platillo. Pues bien con el “Tullido Ignorante” se multiplicaron las  irregularidades, como  la Bucarito- Guigue, que es el vivo ejemplo de cómo sofisticadamente opera este “Clan o Mafia Familiar”, que se ha replicado en el municipio San Diego, es el indescriptible saqueo, la elaborada extorsión y la continuada estafa en contra centenares de familias, como los burlados compradores de un inexistente Terminal Turístico. Finalmente el inofensivo Marco terminó por llevar una humilde existencia al cuidado de su madre, mientras el “Clan o Mafia Familiar” se ausentan por prolongados periodos en el exterior donde se jactan de innumerables inmuebles, producto del delictivo prontuario.

El jefe Cachón. Haremos el breve relato de alguien que se ha creído la fábula de que puede dirigir cualquier campaña. El deprimido “experto electoral” debe tener alguna desviada obsesión por el Sistema Métrico Decimal, ya que menciona con enfermiza regularidad, en sus confusos mensajes, el término “Medio Metro”  para mencionar al mandatario regional e igualmente las horas de infinito ocio que le proporciona su condición de irremediable vago, debe dedicársela a observar cualquier serie televisiva, ya que dirige obstinadamente sus ataques a Diosdado Cabello llegando a endilgarle el término “El Señor de los Cielos”. Pero surge la ineludible obligación de hacer referencia de un dramático episodio del “Jefe Cachón” a finales de la década de los 80, meses antes de aquellas históricas elecciones regionales de 1989, ya que al despuntar el alba de cualquier día, tomaba su vehículo para adquirir varias suculentas empanadas en el icónico sector de San Blas y allí emprender una rauda carrera para la residencia del entonces gobernador Óscar Celli. “Aquí le dejo sus empanaditas mi querido señor”. Esa cotidiana actividad culinaria era la única razón de la existencia del “Jefe Cachón” quien descuidó matrimonio y descendencia. Pero tenía que llegar el día de la inesperada noticia proveniente de un fiel amigo, “Diego, tengo que decirte que tu mujer adquirió “Medio Metro” de encaje negro”. La demoledora confidencia terminó por acabar la relación conyugal. Devastador efecto para el “Jefe Cachón” quien se sumió en los avatares del botiquín, la gramola y el alcohol. Varias veces se le observaba con piedad y lastima exclamar “Mátame alcohol que el amor no pudo” y  gritar atormentado un irrecuperable “Cabito” aquellos versos de Andrés Mata “Un amor que se va cuantos se han ido, otro amor volverá más duradero y menos doloroso que el olvido. Y esa es la verdad

Por Cesár Burguera