Soledad Morillo Belloso: Desterrados, derrotados

Soledad Morillo Belloso - Notitarde

Somos miles. No sé exactamente cuántos, pero se habla de varios miles. Varados. En muchos países. La inmensa mayoría carecemos de medios de fortuna. Quedamos atrapados en un limbo.

Muchos reportan que se sienten como náufragos en una balsa en la mitad del océano. Otros dicen que el sofá extra en el que duermen ya se ha convertido en una extensión de su cuerpo. La vida se nos ha convertido en espera. En desesperante espera.

Mi marido y yo tardamos seis meses en armar un viajecito corto para que él pudiera ver a sus hijos y nietos. La pandemia nos atrapó en Quisqueya. Y desde marzo – sí, marzo – estamos tratando de regresar a Venezuela. Desde marzo estamos anotados en una lista en el consulado de Venezuela en República Dominicana. Desde marzo estamos esperando que a alguien allá en el apoltronado poder en Caracas le dé por usar el cerebro y entienda que miles de venezolanos varados en el exterior no es un asunto menor.

Desde marzo a hoy, mi marido y yo nos hemos mudado siete veces. Nos despertamos en la madrugada azorados sin saber bien dónde estamos.

El destierro es una pena que se imponía en el medioevo. Al que incomodaba se le hacía irse a otro reino, el más lejano posible. En la legislación moderna el destierro ha sido eliminado. Porque nadie se puede quedar sin su país, a nadie le pueden quitar su país.

Los cuentos que se escuchan son espantosos. Mientras el señor ese sale en televisión diciendo que a través de Conviasa se ha retornado a miles de venezolanos en vuelos humanitarios, la verdad es una historia de poquísimos vuelos, de cupos palanqueados a precios estrafalarios, de comisiones bajo cuerda que la gente, en estado de máxima desesperación, acepta pagar porque no le queda de otra.

Víctimas de la maldad de quienes desde el poder sienten placer en vejarnos. Eso somos. Hubiera bastado con autorizar por unos días a las líneas aéreas para operar vuelos especiales. En pocos días ya el problema hubiera estado resuelto. Pero no. Se trata del poder y de un negocio.

Cuando allí en el poder se tiene que recurrir a convertirnos en desterrados, queda claro que quienes lo hacen obran así porque se sienten y saben derrotados.

soledadmorillobelloso@gmail.com                                                                    @solmorillob