Termómetro Económico: La ley de Brassens

Termómetro Económico - Notitarde

“Morir por las ideas” es el título y estribillo de una de las canciones con letra más genial jamás escrita. Su autor, el francés George Brassens, padre del estilo artístico de artistas como Joaquín Sabina o el difunto Javier Krahe. “Morir por las ideas, muy bien más adelante”, “morir por las ideas es una idea brillante, yo casi morí por no pensar así… para que apurar la marcha con riesgo de inmolarse por lemas que mañana de nada servirán… qué cosa amarga rendir el alma para luego constatar que era una falsa ruta, una insensatez. Morir por las ideas. De acuerdo… más adelante” y remata diciendo “…esos predicadores que invocan el martirio, por otra parte, no se quieren ir de acá… yo he visto que esta gente suplanta al buen Matusalén por la longevidad…concluyo que se deben decir en soledad: morir por las ideas. De acuerdo, más adelante.”

¿Patria, socialismo o muerte?

Esa frase da para un análisis. Lejos de querer ridiculizar a sus autores y predicadores, la idea de que si no es lo que yo quiero, entonces la alternativa es la muerte, invoca a un berrinche infantil. Eunucos intelectuales todos aquellos que utilizan banderas por el estilo. En el caso venezolano, la cambiaron por “patria socialista o muerte, viviremos y venceremos”; es decir, le agregaron una aclaratoria, una afirmación de fe.  Sin embargo, mantuvieron la amenaza a todos los connacionales; si no tenemos una patria socialista, la alternativa es la muerte. No una vida triste, no un dolor, no un fracaso o alguna condición asociada con la pena, sino la muerte. La definitiva, incuestionable, oscura, contundente muerte ¿La muerte de quién? la muerte de todos nosotros. Sin embargo, en cada circunstancia que tocó el peligro a la vida de quienes vociferan tales invocaciones, siempre eligieron su vida; con esto se corrobora que no se refieren a su muerte, sino a la muerte de los demás.

                                            Se cumple la afirmación de Brassens                             

En cada instante. Así como existe la ley de Pareto, la ley de la gravedad o la ley de oferta y demanda, también deberíamos mencionar por su importancia y aporte a las ciencias de la paz a “la ley de Brassens”. Una ley que deberíamos enseñar en la escuela. Una ley esclarecedora y libertaria, una vacuna contra los embaucadores de circo, que han hecho de nuestros países fábricas de miseria. La ley de Brassens es un vivo ejemplo de la necesidad de la concordia, de la tolerancia. “morir por las ideas, pero ¿por cuál?”.

¿Seguiremos haciendo este tipo de política en América Latina?

Es dañina. Rompe el tejido social y productivo y abre el camino a los monopolios de los amigos del gobierno de turno para implantar su embudo, barriendo a todo aquel que piense diferente. La verdad personificada en  “el líder” no admite análisis ni disenso.  La voz del líder representa los más altos y nobles objetivos patrios, así que cualquiera que tan siquiera frunza el ceño está dudando de la verdad y de esos altos y nobles objetivos; por tanto, se concierte automáticamente en un traidor, un apátrida y pare usted de contar. Este tipo de ambientes instaurados intencionalmente socaban la democracia y la capacidad legal de operar la política. Representan una condena de miseria y atraso.

¿Y la patria?

Me gusta citar a mi padre, el doctor Antonio Mendoza Figueroa en los casos en los cuales recurro a su “filosofía adánica” de “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”. Una cosa es la patria y otra muy diferente la idea de patria (si es que tienen una) de quienes promulgan tales amenazas.  De hecho, aquellos que creen que están asumiendo una defensa “patriótica” de “rodilla en tierra”, normalmente están equivocados. Reforzar cualquier forma conceptual de patria unidimensional y excluyente es un acto apátrida. La disminuye en sus posibilidades y riqueza, le resta heterogeneidad y versatilidad. Es la política de la letalidad que se auto reafirma  constantemente en un círculo vicioso de eliminación de lo diferente y reforzamiento de la letalidad. La política de la letalidad es traición a la patria y a los connacionales.

¿Cómo ir a una política de tolerancia y concordia?

Con educación, dejando atrás el caudillismo político y los extremismos. Cuando identifiques a un político  ungido de salvador de la patria lo más probable es que represente un peligro para la patria, aquellos “protectores” de la patria son peligrosos. Las patrias no necesitan ser salvadas ni protegidas por un político, para ello están las instituciones, a quien hay que proteger es a las libertades, a la democracia, a la iniciativa y a la creatividad. Y no se les protege limitándolas, se les protege respetándolas. Es muy fácil, si usted señor político va a tomar una decisión pública, pregúntese antes de tomarla cosas como ¿Esta decisión vulnera derechos a los ciudadanos? ¿Esta decisión debilita nuestra democracia? ¿Esta decisión disminuye las capacidades de respuesta de la sociedad en su cotidianidad? ¿Es necesaria esta decisión?

¿Es aplicable a todo tipo de organizaciones?

Por supuesto. Los líderes organizacionales tienen que realizarse las mismas preguntas adaptándolas a la cultura de sus organizaciones. Muchas veces vemos en grandes corporaciones que la idea de organización de un líder se implanta a través de la política de la letalidad o en este caso la gerencia de la letalidad. Esta forma de ejercer la tiranía gerencial también causa daño en las organizaciones. Así que a los políticos y a los gerentes TENEMOS QUE APRENDER A NEGOCIAR.

¿Me dices por favor la Ley de Brassens para enseñársela a mis hijos desde ya?

Todo aquel que predica la muerte como alternativa al cumplimiento de su idea, se refiere a tú muerte, no a la de él. Así que aléjate de ellos.

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