Termómetro Económico: Economía poética y poética económica

Termómetro Económico - Notitarde

La economía parece a primera vista no llevarse bien con la poesía. Sin embargo, no es del todo cierto. Existen numerosos poemas que tratan sobre el tema económico “El canto de oro” que reza “Cantemos el oro, rey del mundo, que lleva dicha y luz por donde va, como los fragmentos de un sol despedazado…porque al saltar de cuño lleva en su disco el perfil soberbio de los césares…mueve las máquinas y da la vida” del poeta Nicaragüense Rubén Darío, también el canto XLV de Ezra Pound el cual me permito llevar a prosa aún cuando está originalmente escrito en verso libre “con usura, pecado contra natura, es tu pan para siempre harapiento, seco como papel, sin trigo de montaña, sin la fuerte harina. Con usura se hincha la línea, con usura nada está en su sitio (no hay límites precisos) y nadie encuentra un lugar para su casa” o la “Profesión de banquero” de Aquiles Nazoa “Qué extraña profesión la del banquero: pinchar con su estilográfica las cifras como exquisitas presas de ensalada y en casi maternales cucharadas dárselas de comer a la chequera” (escrito en verso).

También tenemos poetas banqueros o banqueros poetas como nuestro director del Banco Central de Venezuela, Domingo Maza Zavala  (1922 – 2010), el cual además, fue docente universitario y periodista. En su poema dedicado a la tragedia de Vargas titulado «Tres Rostros del Dolor», podemos leer: «… desnuda la angustia en el rostro amanecido/ en el grito que anuda la garganta humedecida, el llanto de la noche que no cesa». Además, tenemos a Luis Pastori (1921 – 2013), quien fuera vicepresidente del Banco Central de Venezuela, miembro de la Academia Nacional de la Lengua, presidente de la Asociación de Escritores de Venezuela y coautor del himno de la Universidad Central de Venezuela: “Yo no sentía la vida a la sombra de sus manos. Quemaba el sol la cara de las cosas, pero la cara de mi corazón estaba a salvo/estando, como estaba, bajo la invocación/de su memoria”. De su poema “Estatua”.

Economía poética

Solemos entender como economía poética la capacidad de construir un discurso poético con la mínima cantidad de palabras posibles. Sin embargo, valdría la pena proponer otra acepción. Visto el paisaje económico de Venezuela, las postales que construye y la realidad que genera, no estaría mal analizarla desde las herramientas que la poesía nos brinda. Si pensamos en imágenes, no hace falta una imaginación muy grande querido lector, por la ventana ve uno a las personas hurgando en la basura en plena pandemia, por hambre. Nunca antes, ni los más estridentes visionarios del futuro podrían haber avizorado la realidad actual.  Son postales más amargas que las de los miserables de Víctor Hugo. Esas imágenes se contraponen a los vídeos de insultos “rapeados” por los hijos ricos de políticos encumbrados que queman las redes sociales. Niños ricos que realmente nunca han tenido padres ni patria. Sobre estas imágenes te regalo este “Paisaje” de un trabajo titulado “Ahí donde el hambre el amor”: “El hambre colgaba de las hojas de unos flácidos arbustos/ Se pavoneaba por una calle flaca y deslucida con su gran sonrisa desdentada/ Se regodeaba parasitaria de una barriga infantil/ de un pobre perro de nadie/ del mediocre azul del cielo/ de la translúcida nube/ del adormilamiento del viento/ del pavimento/ En la acera roncaba a plena luz/ Con un paisaje así la saciedad ofende.

¿Qué clase de economía poética es esta?

Apocalíptica. En Venezuela hay hambre, hay peste, hay sanciones (“guerra económica”) que parecen poder convertirse en algo peor. Pero la poesía nos da vida, nos brinda amor y esperanza. Y podríamos al menos por un segundo dejar que la representemos con el jinete del caballo blanco.

Y en medio de esta realidad es cansón oír a las autoridades que ejercen el control del país mentir tanto en esta materia. La economía venezolana es un poema en sí mismo, terrible y doloroso poema de fracaso, de heridas recostadas, de malas políticas públicas. La administración pública no debería estar al servicio de la destrucción económica o de los trámites cobrados en dólares americanos. La administración pública es un instrumento del cual se debería servir la sociedad para brindar soporte a la ciudadanía a través de tareas y procedimientos que garantizan el bienestar de los ciudadanos.

Así mismo, uno escucha y lee a colegas docentes e investigadores con reputación de personas responsables, hacer afirmaciones dignas de devolverlos a estudiar el primer semestre de la universidad. La emisión de dinero sin ningún rigor, como lo es el pago de “bonos” genera un factor inflacionario en general. En el caso de emisiones monetarias por parte de los Estados Unidos de Norte América, este factor se ve atenuado por el alto volumen de salida que tiene el dólar de la economía estadounidense. Por esta razón, no presiona con fuerza los tipos de cambio ni los precios de su economía. Así que, afirmar que la emisión de dinero no afecta los precios y los tipos de cambio, y que esto “se ha demostrado estadísticamente”, y referirlo a países como Venezuela, es bastante parecido a un mal verso, una pésima economía poética. Y esa pésima forma de escribir o de poética económica es una metáfora de lo que le ocurre al país.

Seamos buenos poetas económicos

Construyamos una poética económica de calidad. Hablemos con sentido común, utilicemos el lenguaje y el verbo para gratificar y no para ofender, hagamos versos amorosos sobre la importancia de utilizar bien los recursos públicos para que los servicios sean de calidad, escribamos versos sobre los derechos económicos de la ciudadanía, sobre la productividad del sector público, sobre la profesionalización de los cargos directivos y sobre la naturaleza de la función pública. Se requiere un poema de largo aliento sobre la transparencia y la honestidad, una oda a dedicación y al estudio, al mérito, a la educación. Hay tantos poemas que pudieran escribirse en la economía de Venezuela, poemas hermosos, de todos los estilos. No escriban más estas cosas que aparte de mal escritas y de pésima calidad, son de mal gusto y ya no las quiere leer casi nadie.  Ojalá escucharan y cambiaran esa poética tremendamente mala y pobre.

Pd para ti mi querido lector. A leer y a prepararte. A estudiar. A hacer ejercicio aunque sea en un huequito chiquito rodando los muebles de la sala. Y termino con Rubén Darío: “Aquel día un harapiento, por las trazas un mendigo, tal vez un peregrino, quizás un poeta, llegó, bajo la sombra de los altos álamos, a la gran calle de los palacios, donde hay desafíos de soberbia entre el ónix y el pórfido, el ágata y el mármol; en donde las altas columnas, los hermosos frisos, las cúpulas doradas, reciben la caricia pálida del sol moribundo”.

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