Rubén Limas: Coronavirus carabobeño

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Rubén Limas - Notitarde

No la hemos tenido de buenas en Carabobo desde hace bastante tiempo para acá, las peores calamidades públicas han coincidido con las peores gestiones de gobierno posibles.

Hoy, en medio de la pandemia del Coronavirus y el evidente “apagado” de la actividad productiva por medidas antieconómicas tomadas,  nos hace pensar que pasada la crisis sanitaria será más difícil retornar a la normalidad. ¡No estamos pa’fiestas!

Por puro milagro divino no tenemos hasta el momento de escribir este artículo, casos de Coronavirus en el estado. Con el debido respeto y derecho que tengo de pensar distinto,  pudiera tratarse más de una maniobra de ocultar realidad que lo que realmente está pasando. En todo caso, amigos lectores hagamos un ejercicio de imaginación: ¿Cómo enfrentamos una Pandemia de esta magnitud en el actual  estado de cosas que tenemos aquí en Carabobo? Por ejemplo: una persona presenta un ataque de insuficiencia respiratoria grave por Coronavirus, ¿Qué ambulancia lo va rescatar a su casa, sino hay? ¿A qué unidad de cuidados intensivos se lleva, si las que hay apenas tienen 8 camas y otras no funcionan? ¿En el caso, que un vecino quiera apoyarlo, pero su carro no tiene gasolina, que hace? ¿O hay algún medico  que vive cerca de allí y, quiere ayudarlo llevándolo al hospital, pero temprano no pudo echar gasolina porque su salvo conducto no valió de nada, que se debe hacer?

Después de esta terrible pandemia, debemos  pensar en recuperar nuestros hospitales y ambulatorios, o ¿Porque no mejorar el suministro de agua, que hoy no solamente no es potable, sino no que no llega casi nunca a nuestras casas? ¿Pensar en la recuperación de nuestras escuelas y liceos en completo abandono gubernamental? ¿En vez de fiesta violenta que ofrece el gobernador Rafael Lacava, no sería mejor iniciar la construcción de grandes hospitales en nuestro estado? ¿O retomar su fallida promesa de darles a los carabobeños un  adecuado suministro de gasolina?

Una fiesta violenta, pudiera dejar saldo de borrachines o heridos, que tendrían que ir a nuestros hospitales a encontrarse con la dura realidad de un sistema sanitario destruido, incapaz, ineficiente. Donde no hay ni gasa, ni algodón, ni alcohol, ni agua oxigenada, y mucho menos camas disponibles

La desconexión con la realidad está latente en este gobierno regional. El asunto fuese un chiste si no tuviese tan lamentables consecuencias. Debe recordarse que al mismo tiempo en que el gobierno regional orientó su interés en hacer las plazas Drácula, fabricar Dracucervezas, instalar la “batiseñal”, hacer chistes por twitter e instagram, montar fiestas y templetes hasta en Waikiki, el Estado Carabobo ha visto empeorar el servicio de agua potable (hoy imprescindible para lavarse las manos frente a esta pandemia), desmantelar el servicio de gas doméstico, apagarse cada día más el servicio eléctrico, empobrecerse aún más las escuelas y ambulatorios dependientes de la administración regional, falla gravísima de gasolina y, aún más obvia, la destrucción de toda la administración pública que debido a los bajos salarios los funcionarios se encuentran en la casi indigencia, muchos han abandonado su carrera administrativa o, bien para huir de esta espantosa situación económica y social, o se han dedicado a otra cosa bastante diferente a la que realizaban.

A la fecha, el gobierno regional no ha logrado más que reducir su accionar a convertirse en una agencia de festejos. Hemos tenido “fiestas violentas” pero pocas políticas públicas que puedan ser evaluadas con transparencia, indicadores de gestión y sentido republicano de rendición de cuentas. Algunos dirán, apelando a su complejo milenials aunque tengan 60 años, que esos criterios de gerencia pública que expongo son “aburridos” o quizás “pavosos”. Pues sí, son aburridos porque dotar de agua, gas, electricidad, educación, salud, protección ante contingencias, emergencias, seguridad personal y jurídica son temas serios. ¡No se administran por rumberos sino por estadistas!

Este desastre nos ha convencido que solo un cambio de rumbo puede ser útil para los carabobeños y los venezolanos. Un cambio de rumbo en el cual los ciudadanos sean protagonistas y puedan elegir entre “la fiesta violenta” o una  acción firme de reconstrucción democrática. Por ello no nos detendremos en nuestro trabajo de seguir denunciando el sufrimiento que padecemos, guste o no, nuestra voz seguirá alzándose en todo Carabobo en favor de la calidad de vida que nos merecemos.

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