Rubén Limas: El Regreso

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Rubén Limas - Notitarde

Muchos venezolanos iniciaron un retorno forzado a Venezuela, obviamente, no serán todos en principio dado que hablamos de una diáspora calculada, conservadoramente, en 5 millones de connacionales. Pero están regresando al parecer los más vulnerables, aquellos que la crisis económica provocada por la pandemia del Coronavirus golpeó más duramente en Perú, Ecuador y Colombia en el último mes. Regresan de la peor manera posible, a pie, expuestos a toda clase de peligros, intentando al menos estar junto a los suyos en su tierra.

La gobernadora del Táchira Laidy Gómez menciono que al menos unos  10 mil ciudadanos podrían estar cruzando la frontera de regreso al país y, aquí en Carabobo se pudo conocer que los ciudadanos que venga a Carabobo serán llevados las instalaciones de la Villa Olímpica (Naguanagua) para hacerles las pruebas médicas que descarten la presencia de contagio de Coronavirus.

Me llamo la atención que el Gobernador de Carabobo decía en un video, que los que vienen al estado, “se bajan en el terminal y se vienen a la Villa Olímpica hacer una cuarentena”. Entonces tengo algunas dudas: ¿Cuál terminal? ¿El del Big Low? ¿Se trata de casos sospechosos de Coronavirus? De ser así ¿Por qué no son trasladados directamente desde la frontera a la Villa Olímpica o cualquier otra parte? Si esos casos vienen en autobús – que es lo que entiendo cuando dicen “se bajan en el terminal” ya habrán contaminado entonces a muchísima gente en el camino.

Ante esta duda, me comunique directamente con la Gobernadora del Táchira, la cual me informo que las personas que están cruzando la frontera, están pasando por 2 controles epidemiológicos. El primero en su salida de Colombia, y el segundo al entrar a Venezuela, que incluye la Prueba rápida para el diagnóstico, los que den positivo, se someten a una segunda prueba y quedan bajo vigilancia médica. Por lo cual presumo que los que llegan por el terminal, vienen de ser casos negativos. Entonces no entiendo este procedimiento.

Debo decir que no estoy de acuerdo en hacer un show con la llegada de estos ciudadanos. Ellos no regresan porque ven un paraíso terrenal en Venezuela, huyen de una crisis terrible que sorprendió al mundo y cuyo impacto económico es más que obvio. ¡Aquí no estamos mejor, estamos peor!, pero al menos, el consuelo de estar junto a la familia es bastante para quienes sin nada han quedado.

Por otra parte, algunas personas, movidas por el miedo y la falta de información confiable, caen en mensajes que rayan en la aporofobia frente a quienes regresan. Hay quienes han afirmado que se les debe prohibir la entrada y cosas aún peores. Ciertamente, estos venezolanos deben ser sometidos a los chequeos médicos correspondientes, se les deben hacer las pruebas a todos los que llegan: el que de positivo debe ser atendido médicamente, los asintomáticos negativos para su casa a cumplir la “Cuarentena” que deberían estar cumpliendo el resto de la población, pero en sus casas.  Más riesgo hay ahora mismo en la Plaza de Toros, El Mercado Periférico o El Mercado Mayorista con una cuarentena incumplida por la necesidad de comprar comida a diario que el que pudieran representar esos conciudadanos llegados de forma desesperada.

Sé que podemos sentir miedo, es humano sentirlo, por eso es tan importante tener gobernantes con el aplomo necesario. Nada de shows, hay que trasmitir certeza, calma, tranquilidad y seguridad a la población, mucho más en momentos de incertidumbre.

Hoy, esos venezolanos que regresaron a su tierra, castigados por circunstancias muy difíciles, no deben ser estigmatizados. Al contrario, deben recibirse con una mano solidaria.

Alguien podría decirme que considerando la ausencia de infraestructura, de insumos y de equipamiento de nuestro sistema sanitario es muy difícil ser tan humanitario como lo exijo. No hay duda que existen duras carencias en nuestros hospitales y ambulatorios, de hecho las he denunciado persistentemente, pero es aún peor sumar a esa realidad la carencia de caridad. Debemos ser aún más humanos, un pueblo dominado por el miedo, el pánico o la histeria no sobrevivirá. Esa es nuestra encrucijada. Yo antes de dotar a la Villa Olímpica, dotaría a nuestros centros asistenciales, abandonados a su suerte y donde el personal hace de tripas corazones para poder atender a los enfermos, a todos ellos un altísimo reconocimiento por su entrega y esfuerzo.  Dios permita que nuestra “Inmunidad Colectiva” adquirida de vivir en tan duras circunstancias en estos 20 años, nos haya inmunizado lo suficiente para que esta Pandemia no sea como en otros países.

Rubén Limas

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