Rubén Limas: Sanar las heridas

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Rubén Limas - Notitarde

En uno de sus primeros discursos como Presidente electo de Sudáfrica, Nelson Mandela dijo “Es hora de sanar”. Luego del cruel régimen racista del apartheid, ese que antes lo condenó a 30 años de prisión, pudo haber sido distinto y gritado: “¡Venganza!”,  pero otro fue el camino elegido. Los procesos de justicia transicional permitieron a los perpetradores de graves violaciones a los derechos humanos regresar tranquilos a sus casas a cambio de exponer pormenorizadamente sus crímenes. ¿Impunidad? ¡No!. Se trató de poner el acento, antes que en el castigo al culpable, en la reparación de las víctimas y sus familias. Y, además, reconstruir los hechos para preservar la memoria histórica y garantizar que la vergüenza del apartheid nunca vuelva a repetirse.

Hay que aprender de esa experiencia. En nuestro caso, de nada nos serviría a los venezolanos ver ahorcados en la plaza pública a los usurpadores y a sus colaboradores sí nos olvidamos del sufrimiento de sus víctimas. Aquellos que fueron asesinados, quienes perdieron sus propiedades, quienes fueron torturados, perseguidos, exiliados y presos deben ser reconocidos, reivindicados y resarcidos a cargo del Estado.

Hay quienes dicen “Ojo por ojo y diente por diente” pero esa lógica nos dejará a todos tuertos y desdentados. Creo, por tanto, que la llamada justicia transicional debe ser considerada una prioridad. Yo me he dedicado toda la vida a la salud, mi trabajo ha sido sanar. En la política aplica la misma resolución, debemos sanar al país. Sanar odios, resentimientos y prejuicios. Ningún muerto será reivindicado con más muertos en su nombre, borrar la sangre derramada en las calles, las cárceles y las salas de tortura no requiere más sangre y dolor. Requiere perdón.

¿Podemos perdonar a quienes causaron la división de las familias, la huida de millones de su patria y el sufrimiento de muchos  más, a falta de alimentos y medicinas? Seguro es difícil, pero sin perdón no hay futuro, antes bien, solo reincidencia en el error producto del rencor, la revancha y la inconsecuencia.

Los carabobeños, al momento de ser convocados a elegir de nuevo a sus representantes frente a la máquina de votación no buscarán vengadores, buscarán gente competente, con ideas claras y con un compromiso firme en la búsqueda de consensos. No buscará dogmáticos economicistas que privilegien la ideología antes que a la gente sino, contrario a ello, buscará líderes dispuestos a escuchar a trabajadores y a empresarios para reconstruir los cimientos de una economía sana, representantes que escuchen activamente a las comunidades y sus líderes auténticos, que vigilen la prestación de servicios públicos y permita alianzas público – privadas para satisfacer las expectativas de la ciudadanía. En definitiva, reconstruir y sanar. La cacería de brujas, la repartición de culpas, dejarse guiar por la ira no corresponde a líderes comprometidos con la democracia sino a fanáticos, seres tan dañinos con camisa roja como usándolas de cualquier otro color.

Teniendo eso en mente, creo pertinente que se reflexione sobre la total inutilidad de la ilegalización de partidos políticos. Se ilegalizó a AD, PJ, VP y UNT, los politólogos carabobeños califican eso de “Destrucción de los Partidos” y, tras esa totalitaria decisión nadie ve beneficio alguno para el país, ni hay más alimentos, ni más medicinas, ni más educación o más seguridad. Lo que si hay es menos pluralismo, menos alternabilidad y menos opciones. Pues, lo mismo debe preverse si en un futuro gobierno democrático alguien sugiere la ilegalización del PSUV.

Particularmente, no deseo la ilegalización del PSUV. Al contrario, deseo que participe en unas auténticas elecciones libres y justas, con todas las garantías. Queremos competir y debatir con ellos. Que la gente contraste sus argumentos con los nuestros y, al final, el pueblo les regrese al 5% histórico que los comunistas siempre han tenido como apoyo electoral. Ese es el escenario por el cual trabajamos y es la democracia por la que vale la pena luchar.

El pensamiento, cualquiera que esté sea, no debe ser criminalizado. Eso ya lo hemos vivido en los últimos 20 años. Lo importante y trascendente es que todos, sin privilegios, sin excepciones, respetemos la constitución, las leyes, la democracia, sus procedimientos y observemos la debida tolerancia y respeto a cada persona. La democracia es así y hay que estar listos para los retos que tal sistema supone. En AD estamos listos. Amor, tolerancia y perdón son sinónimos democráticos urgentes de aplicar.

Rubén Limas

@rubenlimas

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