Desnutrición y obesidad en niños en tiempos de pandemia

Un sector vulnerable de la población sobre el cual hay que estar atentos

Desnutrición - Notitarde
Fomentar la ingesta de frutas y ensaladas en las comidas. Foto: Agencia

Salud.- Así como se observan adultos desnutridos, también obesos, situación similar ocurre con los niños, un sector vulnerable de la población sobre el cual hay que estar atentos, porque en ellos el déficit nutricional puede perjudicar su crecimiento.

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¿Las causas?

  “Los efectos del confinamiento prolongado en casa, la ausencia de actividades escolares y de la práctica deportiva, además del uso prolongado de los equipos de computación, videojuegos y del celular, están favoreciendo la ganancia de peso y el riesgo de padecer enfermedades crónicas no transmisibles, como hipertensión arterial, dislipidemias, diabetes mellitus y obesidad”, refiere el doctor Gustavo Oviedo, nutrólogo y profesor de la Universidad de Carabobo.

El nutrólogo recuerda que desde  2015, en Venezuela se presenta una caída en los ingresos económicos, acompañada por una disminución en las importaciones de alimentos, así como en la producción agrícola, lo cual trajo desabastecimiento y escasez de ciertos rubros, sobre todo de alimentos regulados, los de mayor consumo y que dan mayor aporte de energía y nutrientes.

Una dieta pobre en calorías

“Todas estas variables han conllevado a que las familias venezolanas tengan una dieta monótona, no saludable, con problemas de disponibilidad y de compra”, revela el doctor Oviedo.

Y precisa que, de acuerdo a los registros,  el consumo promedio de energía estuvo por debajo de los requerimientos (adecuación de 94,1%). Informes oficiales reportan una disminución de la desnutrición infantil de 1990 a 2013, pero con un incremento progresivo de 2015 a 2019, con situación más dramática de dimensiones humanitarias en las parroquias pobres, de acuerdo al Estudio Nacional de Condiciones de Vida 2016 (Encovi).
Según esta investigación, realizada por la Universidad Central de Venezuela en conjunto con la Católica Andrés Bello, el 81,8% de los hogares son pobres y un 51,5% está en pobreza extrema. En muchos de estos hogares, las personas ingieren dos o menos comidas al día; 74,3% con pérdida de peso no controlada o no deseada  (8-9 kg).

Cambios en hábitos

Y es que el patrón de consumo de alimentos ha cambiado, resultando insuficiente en cantidad y calidad, sin variedad, basado en arroz, maíz, pasta, granos y aceite; carente de proteínas animales, vitaminas A, B y C, y minerales (hierro, ácido fólico, zinc y calcio), reporta por su parte un trabajo de la Unicef realizado en nuestro país.

El efecto directo: incremento de la malnutrición y del hambre oculta en los más vulnerables, en este caso de los niños. Este último término definido por la Organización Mundial de Salud como una deficiencia de micronutrientes (vitaminas y minerales). Es decir, el hambre oculta no afecta solo a los que viven en situación de escasez de comida, también a los que consumen alimentos en exceso. También está la desnutrición crónica, principal problema nutricional; se solapa con el déficit calórico-proteico y las deficiencias de nutrientes.

En Venezuela, explica el especialista, se dio un giro trascendental en la economía tras la interrupción eléctrica nacional que duró varios días en  marzo de 2019; se inició una dolarización abierta en el costo y la comercialización de los alimentos, materiales, bienes e insumos. A partir de ese momento, hubo una sinceración de los costos y los precios en los distintos rubros, reapareciendo los alimentos de la canasta básica en todos los comercios y supermercados.

“En el sector privado, el salario también se fue adaptando y con ello la capacidad de compra volvió en un sector de la población, lo cual no ocurrió en el sector público, donde el salario mínimo expresado en bolívares ha estado muy lejano de satisfacer el costo de la canasta alimentaria”, apunta el doctor Oviedo.

Recomendaciones para la familia

1- Evitar el consumo frecuente de alimentos ricos en azúcares tales como dulces y refrescos.
2- Limitar el consumo de grasas saturadas y  frituras.
3- Fomentar la ingesta de frutas y ensaladas en las comidas.
4- Realizar alguna actividad física al aire libre durante 30 minutos al día.
5- Limitar el uso de computadoras, videojuegos o celulares a un máximo de 3 horas al día, recomienda el doctor Oviedo.

Secuelas de una pandemia

Una difícil situación que empeora con el aumento progresivo de casos contagiados con Covid-19 en el núcleo familiar, ocasionando una elevada morbilidad y mortalidad; con una enfermedad de duración prolongada, elevados costos de tratamiento farmacológico, insumos descartables, materiales y de atención médica, lo cual ha afectado notablemente la situación económica de miles de hogares.

A este cuadro se suma no sólo la desnutrición, también incremento del sobrepeso y la obesidad en niños. De allí que el doctor Oviedo insiste en que la educación nutricional es una de las principales herramientas para la superación de estos problemas de malnutrición; “sin embargo, debemos ponerla en práctica en modo virtual”. Significa utilizar todas las modalidades posibles, desde la telemedicina, las redes sociales y, sobre todo, promocionarla en las actividades escolares.

Virajes nutricionales

A pesar de este viraje, el problema alimentario se ha agudizado; se ha afectado la cadena agroalimentaria y la seguridad alimentaria de la población, desde la producción, el abastecimiento de insumos, el acceso, el consumo y el aprovechamiento biológico de los alimentos, argumenta el nutrólogo y docente de la UC.

Para el año 2020, la inseguridad alimentaria moderada y severa vinculada al hambre afecta a 9,3 millones (32,6%) y la inseguridad alimentaria marginal o leve alcanza a 17 millones de personas (60%); en total 92% de la población tiene problemas con el acceso y consumo de alimentos.

Aunado con la aparición de la pandemia por el Covid-19 y las medidas de confinamiento reglamentadas desde marzo de 2020, se presenta un nuevo escenario económico y nutricional.

La disminución de ingresos, la inseguridad laboral y el desempleo, junto con la necesidad de hacer teletrabajo, desencadenaron un elevado nivel de estrés en la población. Adicionalmente, los niños se encuentran en casa, no pudiendo asistir a las escuelas, interrumpiendo un proceso formativo de vital importancia que lleva 15 meses continuos.

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